Al crackear los dedos, se estiran las articulaciones, lo que provoca la formación de burbujas de gas en el líquido sinovial, creando así el característico ruido de crujido.
Tus articulaciones parecen verdaderos pequeños mecanismos: están compuestas de huesos, cartílago, ligamentos y una cápsula llena de líquido sinovial. Tus huesos están conectados entre sí por ligamentos, una especie de cables ultra resistentes que los estabilizan sin impedir su movilidad. Las superficies óseas están cubiertas de cartílago, un material liso y flexible que actúa un poco como un cojín protector contra la fricción. Alrededor de este conjunto, una envoltura llamada cápsula articular rodea toda la articulación; es ella la que contiene el valioso líquido sinovial encargado de lubricar y nutrir tu articulación para que permanezca flexible y móvil.
Cuando estiras o doblas tus dedos, creas una presión negativa dentro de las articulaciones. Genial, ¿no? Esta disminución de presión forma pequeñas burbujas gaseosas en el líquido sinovial, que es como el aceite que lubrica tus articulaciones. Pero ten cuidado, estas burbujas no permanecen tranquilas por mucho tiempo: estallan rápidamente, y es su explosión repentina lo que produce ese famoso sonido de crujido que conoces tan bien. Este fenómeno físico se llama cavitación articular. Y adivina qué: después de que las burbujas estallan, hay que esperar un poco antes de poder volver a hacer crujir tus dedos. Es el tiempo que la articulación necesita para recargarse de gas.
Cuando haces crujir tus dedos, provocas en realidad una variación rápida de la presión dentro de la articulación. Tus articulaciones contienen un líquido llamado líquido sinovial, que se parece un poco a un aceite lubricante. Este líquido tiene naturalmente gases disueltos, principalmente dióxido de carbono, pero también un poco de nitrógeno y de oxígeno en pequeñas cantidades. Cuando tiras o presionas rápidamente la articulación, la presión cae bruscamente, formando así microburbujas de gas. Estas burbujas aparecen tan rápido que emiten ese famoso sonido seco: el famoso "¡crac!" que escuchas. Después de este crujido, los gases serán lentamente reabsorbidos, lo que explica por qué debes esperar unos minutos antes de poder hacer crujir el mismo dedo una vez más.
A diferencia de una idea recibida y extendida, hacer sonar los dedos no provoca artrosis ni desgaste prematuro de la articulación. Varios estudios han examinado este fenómeno: ninguna prueba científica concluye en un vínculo con enfermedades articulares crónicas. Sin embargo, un estallido frecuente, repetido y forzado en exceso puede a veces inducir una debilidad temporal del dedo o una inflamación pasajera alrededor de las articulaciones. Si tus dedos hacen ruido espontáneamente, ¡no te preocupes, es normal! Pero ten cuidado de no forzar hasta sentir dolor: si es doloroso o difícil, es mejor consultar a un profesional de la salud.
A diferencia de una creencia popular extendida, ningún estudio científico ha demostrado hasta ahora de manera clara que el crujir regularmente los dedos pueda provocar artritis.
Las articulaciones de los dedos están llenas de un líquido llamado líquido sinovial, que actúa tanto como lubricante como amortiguador. Este mismo tipo de líquido está presente en todas las articulaciones móviles del cuerpo humano.
Un estudio llevado a cabo durante cincuenta años por el médico Donald Unger se centró en el crujido voluntario de los dedos. Crujió los dedos de una sola mano todos los días durante más de medio siglo para concluir que no había ninguna diferencia de artritis entre ambas manos.
Algunos investigadores estiman que generalmente hay que esperar aproximadamente 20 minutos antes de poder hacer que la misma articulación vuelva a crujir, el tiempo necesario para que los gases disueltos se reformen en el líquido sinovial.
Sí, este fenómeno de cavitación puede existir en diferentes articulaciones del cuerpo, como las rodillas, los tobillos, los codos o la columna vertebral. Los principios fisiológicos son idénticos: formación temporal de microburbujas de gas que estallan y provocan este sonido específico.
Cuando se cruja una articulación, las burbujas de gas formadas en el líquido sinovial se rompen, provocando el sonido característico. Después de este fenómeno llamado cavitación, es necesario esperar unos 15 a 30 minutos para que el gas disuelto restablezca las microburbujas, lo que explica por qué es imposible hacer crujir de nuevo la misma articulación inmediatamente.
Se trata de un mito. Ningún estudio serio ha demostrado que los dedos se agranden o contraigan específicamente por la artritis debido a la acción de crujirlos regularmente. Sin embargo, esto puede provocar una hinchazón temporal o una sensación pasajera de calor, sin consecuencias duraderas comprobadas.
Crujirse los dedos estimula momentáneamente los receptores nerviosos ubicados en las articulaciones, lo que genera una breve sensación de relajación y confort articular. Esto puede reducir una ligera sensación de rigidez o tensión, y explica por qué algunas personas experimentan un verdadero bienestar después de crujir sus articulaciones.
No, hacer crujir las articulaciones regularmente generalmente no es peligroso para la salud. Los estudios no muestran ninguna relación directa entre el crujido de los dedos y la aparición de problemas articulares como la artrosis. Sin embargo, algunos médicos advierten que repetir este gesto en exceso podría debilitar la sujeción o provocar una ligera pérdida de fuerza, aunque esto sigue siendo objeto de debate.

0% de los encuestados pasaron este cuestionario completamente!
Question 1/5